martes, 3 de diciembre de 2013

Oscuridad en el túnel


En nuestro país cada uno se expresa según como le vaya en el trajín diario. Igual sucede con las arbitrarias clases sociales, división de la sociedad según el acumulado económico. Razón de más para profundizar el egoísmo.

La llamada clase alta, la misma que detenta y usufructúa el poder, conformada por cinco familias, como lo define la Mafia, pregona a través de sus medios masivos de comunicación, que Colombia ha alcanzado un alto grado de desarrollo frente a sus vecinos; que su crecimiento se acerca o supera el 4%; que la desocupación es menor a dos dígitos porcentuales; que tenemos un alto grado de bienestar y felicidad.  Esa es su situación como familia.

En contraste la clase media ladra bajo, pero inconforme. Es la que paga impuestos, la que surte de profesionales al país, la que recibe las consecuencias inmediatas de una política impuesta por los de arriba en su escala social, la que dota de oficiales al ejército y a la policía, la que surte de muertos en la violencia intrafamiliar y de tránsito, la que ostenta un nivel de vida aceptable que nunca llegará a la opulencia, la que jamás alcanzará el poder político, solo migajas. Es conservadora y estulta; su inconformidad se reduce, como en un sanduiche, a renegar de los de arriba, pero protegerlos, y arremeter contra los de abajo.

La llamada clase baja es una conjunción de pobreza y abandono. Es rebelde y contestaria cuando la tocan, pero fácilmente manipulable por su ignorancia. Constituye la mayoría de la población, la misma que unge presidentes por dádivas, la que da gracias a Dios por tener un regalo en diciembre, la que se hace matar por un político que le dio una palmadita en vísperas de elecciones, la que surte de suboficiales y soldados al ejército y de sicarios a los criminales de todas las clases. La que mata y se hace matar por cualquier cosa; la misma que acepta como un dogma que este es el mejor país del mundo.

En medio de este panorama crece la delicuencia, la injusticia, la impunidad; los criminales se vuelven millonarios y la población sufre las consecuencias de un país hecho para favorecer el crimen. Un país donde obrar con rectitud es sinónimo de estupidez. Hasta los políticos tienen como un activo, empeñar la palabra en un documento para después desconocerlo y obrar en contrario.

Nuestra sociedad está mal hecha y hay que cambiarla. 

Como todo proceso político, se requiere un cambio de política que sólo el grueso de la población pensante puede hacer. Y hay dos métodos: El, llamado, democrático que, en Colombia, ha resultado un fiasco en doscientos años (nunca resolvió los problemas sociales), o el revolucionario, que destruya las estructuras políticas vigentes para reemplazarlas por unas nuevas e incluyentes.

En ambos casos estamos lejos de un nuevo amanecer.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Una reunión con la CRC

Llegaron campesinos, gentes cultivadoras de alimentos, conocedores de árboles que guardan el agua, de árboles que producen oxígeno en grandes cantidades, de árboles que se enfrentan a los vendavales, de árboles bellos que con sus flores diferencian una sequía de un invierno, llegaron, digo, a una reunión convocada por la Corporación Autónoma Regional del Cauca, que antiguamente era de reconstrucción y hoy es de preservación del medio ambiente.

La reunión era para instruir a los campesinos sobre cómo se deben cuidar la flora y la fauna para mantener un ambiente natural.  Y comenzó un directivo su disertación:

“Amigos campesinos: nuestro propósito primario es socializar unas políticas que, con la anuencia del Banco Mundial, queremos implementar en nuestro entorno. El presidente de la república ha tenido como paradigma preservar nuestros recursos naturales y para alcanzar este loable propósito, contamos con su sapiencia que abarca centurias de acumulación cognoscitiva”.

 Después de esta introducción, que dejó a los campesinos parpadeando, comenzaron los técnicos a instruir a los campesinos:

“Como ustedes saben las foliáceas requieren un cuidado extremo, de ahí que, de alguna manera, el nitrógeno sea fundamental en su desarrollo primario. Existen en el mercado nitrogenadores excelentes, que unidos a elementos vitamínicos, de alguna manera, introducen las condiciones óptimas para la primera fase de su levantamiento. La gran compañía Monsanto, tiene en su inventario de fumigantes, unos tópicos que son muy económicos y que de implementarse en su aplicación, de alguna manera, conducirían a rechazar el anophilix palacium que deteriora la vida útil de la arbórea”.


Y así siguieron otros conferencistas que ilustraron a los campesinos invitados; los mismos que después de las charlas, quedaron convencidos de que estuvo muy bueno…el refrigerio.

lunes, 28 de octubre de 2013

El arte: nuestra última soberanía

Hace unos días entrevistaron a Carmenza Duque, cantante nacional de Colombia, que brilló con su arte entre los años 1970 y 1980.

Volverla a oír es volver a repasar la juventud.

Sigue siendo bella, pero es más impactante su madurez, tanto, que soltó una expresión que es como un grito angustioso por la penetración cultural de nuestra juventud y que justifica este comentario:
“A los jóvenes no les gusta la música colombiana siendo tan bella. Cuando canto pasillos, bambucos, joropos y hasta canciones tropicales, escucho voces de rechazo como ¡Uyy qué oso!”.

Sucedió en México entre fines de los años cuarenta y los sesenta del siglo XX. Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos consolidó su poder político y ejerció una fuerte influencia en todos los órdenes sobre América Latina.

México, o mejor dicho su juventud, comenzó a entonar canciones en inglés. Pero llegó el más grande artista nativo que apabulló con sus composiciones musicales de rancheras, huapangos y corridos a esa corriente foránea, ajena a su sentir. Ese artista era José Alfredo Jiménez; junto a él aparecieron otros no menos importantes compositores que adoptaron esa línea de preservar lo propio. La música popular mexicana se estableció como un gran legado y extendió su influencia al resto de América; a este fenómeno contribuyó el auge del cine sonoro.

Hoy, de México queda el Mariachi como patrimonio cultural e inmaterial de la humanidad.

Colombia –y no es una pretensión jactanciosa– tiene el mayor universo musical que cualquier país de América. Es así por su diversidad étnica. En nuestro país hay corrientes musicales indias, negras y europeas que se manifiestan en ritmos de bambucos, torbellinos, danzas, valses andinos; cumbias, currulaos, merecumbés, porros, mapalés negros; boleros, pasodobles, baladas y salsa europeizante; pasando por el joropo llanero y el vallenato guajiro. Sin embargo, la radio y la televisión difunden masivamente la música anglosajona en inglés como si fuéramos colonia de Estados Unidos. Nuestra música queda relegada a emisoras regionales, a horarios de media noche, como si fuera un arte clandestino.

La política se metió en nuestro arte para aniquilarlo. Con el cuento reiterado de que el mercado es el que manda y por tanto demanda, nos engañan los neoliberales dando por sentado que nuestro arte no se vende.

El arte verdadero tiene un supremo valor, diferente al precio en dólares; es soberanía; pero nos han engañado con la alucinación de los magnates que todo lo tasan en vil metal.  


Si nuestra juventud no reacciona, perderemos para siempre nuestra identidad, expresada en todas las artes.

viernes, 18 de octubre de 2013

Inversión y corrupción

Un tendero vendía en miscelánea los productos que su barrio necesitaba. Era próspero y había alcanzado un estatus de personaje imprescindible entre su comunidad. Cuando su prosperidad había sobrepasado los límites del barrio y alcanzaba los de media ciudad, llegó un extranjero a proponerle un negocio.

El extranjero, que no era gringo aunque parecía, pidió que le arrendara una cuarta parte del negocio. Explicó que así él tenía el control de tres cuartas partes y un ingreso seguro por el arrendamiento pedido; además prometió modernizar esa parte y pagar el mismo valor que recaudaba por la operación comercial. Hechas las cuentas, el tendero arrendó al extranjero su cuarta parte.

Pasado un tiempo, el extranjero pidió en arrendamiento otra cuarta parte que el tendero aceptó. De esta manera el arrendatario alcanzaba el control sobre la mitad del negocio. A esta altura, el tendero observó que el negocio del extranjero era muy redondo, pero legal. El arrendatario pagaba el arrendamiento con las mismas utilidades del negocio, no pagaba servicios públicos, utilizaba la infraestructura creada, hacía uso de un prestigio que en gringo se llama Good–Will, utilizaba las relaciones comerciales para surtir y hasta obtenía créditos.

Cuando el tendero quiso cancelar el arrendamiento y retomar la mitad de su negocio, el extranjero planteó que le debía el Good–Will, el costo de la modernización, los créditos bancarios, el valor de la mercancía, su costo de inversión, su trabajo. Antes de ir a peleas judiciales vino la propuesta cumbre del extranjero al tendero: Usted me cede el resto del negocio por un valor que yo creo justo y desisto de ir a juicio. Hechas las consultas, al tendero no le quedó otra salida que aceptar la propuesta.

Primera inferencia: El extranjero nunca invirtió un centavo y, antes bien, usó los bienes del tendero para pagar el arrendamiento y hacerse a un negocio lucrativo.

Segunda inferencia: El extranjero hizo lo necesario para adquirir derechos no configurados en el contrato.

Tercera inferencia: Las leyes nacionales favorecen al extranjero en detrimento del nacional.      

Cuarta inferencia: El extranjero se aprovechó de la ingenuidad del tendero, quien creyó en su buena fe.

Conclusión general: Así operan las empresas extranjeras en Colombia. A esto le llaman inversión extranjera. Así entregaron los políticos colombianos bienes nacionales como El Cerrejón, Ecopetrol, Cerro Matoso, Telecom… y ahora, pretenden hacerlo con Isagén.


La diferencia, no sutil, consiste en que, mientras nuestro tendero es ingenuo, nuestros políticos son corruptos.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Discurso de José Mujica

Por ser un punto de vista que empieza a identificar una corriente mundial, la de otorgar a la vida sobre la tierra el máximo valor por encima del capital,  reproduzco el discurso pronunciado en la Asamblea General de las Naciones Unidas en su 68 periodo de sesiones.

Si una consigna tumbó siglos de feudalismo, es posible que un pensamiento construya la sociedad del futuro.

DISCURSO COMPLETO DEL PRESIDENTE
DE LA REPÚBLICA DEL URUGUAY
JOSE MUJICA.
PRONUNCIADO EN EL 68 PERIODO DE SESIONES
DE LA ASAMBLEA GENERAL DE NACIONES UNIDAS.
Diario de la República.
Montevideo jueves 26 de septiembre, 2013




 “Que estamos vivos por milagro y nada vale más que la vida. Y que nuestro deber biológico es por encima de todas las cosas respetar la vida e impulsarla, cuidarla, procrearla y entender que la especie es nuestro nosotros.”

 Amigos todos, soy del sur, vengo del sur. Esquina del Atlántico y del Plata, mi país es una penillanura suave, templada, una historia de puertos, cueros, tasajo, lanas y carne. Tuvo décadas púrpuras, de lanzas y caballos, hasta que por fin al arrancar el siglo XX se puso a ser vanguardia en lo social, en el Estado, en la enseñanza. Diría que la socialdemocracia se inventó en el Uruguay.

Durante casi 50 años el mundo nos vio como una especie de Suiza. En realidad, en lo económico fuimos bastardos del imperio británico y cuando este sucumbió vivimos las amargas mieles de términos de intercambio funestos, y quedamos estancados añorando el pasado.

Casi 50 años recordando el Maracaná, nuestra hazaña deportiva. Hoy hemos resurgido en este mundo globalizado tal vez aprendiendo de nuestro dolor. Mi historia personal, la de un muchacho- porque alguna vez fui muchacho- que como otros quiso cambiar su época, su mundo, el sueño de una sociedad libertaria y sin clases. Mis errores son en parte hijos de mi tiempo. Obviamente los asumo, pero hay veces que medito con nostalgia.


La fuerza de la utopía

¡Quién tuviera la fuerza de cuando éramos capaces de albergar tanta utopía! Sin embargo no miro hacia atrás porque el hoy real nació en las cenizas fértiles del ayer. Por el contrario no vivo para cobrar cuentas o reverberar recuerdos.

Me angustia, y de qué manera, el porvenir que no veré, y por el que me comprometo. Sí, es posible un mundo con una humanidad mejor, pero tal vez hoy la primera tarea sea cuidar la vida.

Pero soy del sur y vengo del sur, a esta asamblea, cargo inequívocamente con los millones de compatriotas pobres, en las ciudades, en los páramos, en las selvas, en las pampas, en los socavones, de la América Latina patria común que se está haciendo.


El bloqueo inútil a Cuba

Cargo con las culturas originales aplastadas, con los restos del colonialismo en Malvinas, con bloqueos inútiles a ese caimán bajo el sol del Caribe que se llama Cuba. Cargo con las consecuencias de la vigilancia electrónica que no hace otra cosa que sembrar desconfianza. Desconfianza que nos envenena inútilmente. Cargo con una gigantesca deuda social, con la necesidad de defender la Amazonia, los mares, nuestros grandes ríos de América.

Cargo con el deber de luchar por patria para todos. Para que Colombia pueda encontrar el camino de la paz, y cargo con el deber de luchar por tolerancia, la tolerancia se precisa para con aquellos que son distintos, y con los que tenemos diferencias y discrepamos. No se precisa la tolerancia para los que estamos de acuerdo.

La tolerancia es la paz

La tolerancia es el fundamento de poder convivir en paz, y entendiendo que en el mundo somos diferentes. El combate a la economía sucia, al narcotráfico, a la estafa, el fraude y la corrupción, plagas contemporáneas, prohijadas por ese antivalor, ese que sostiene que somos felices si nos enriquecemos sea como sea. Hemos sacrificado los viejos dioses inmateriales. Les ocupamos el templo con el dios mercado, que nos organiza la economía, la política, los hábitos, la vida y hasta nos financia en cuotas y tarjetas, la apariencia de felicidad.

Parecería que hemos nacido solo para consumir y consumir, y cuando no podemos cargamos con la frustración, la pobreza, y hasta la autoexclusión.

Lo cierto hoy es que para gastar y enterrar los detritos en eso que se llama la huella de carbono por la ciencia, si aspiráramos en esta humanidad a consumir como un americano medio promedio, sería imprescindible tres planetas para poder vivir.

El despilfarro de vida

Es decir nuestra civilización montó un desafío mentiroso y así como vamos, no es posible para todos colmar ese sentido de despilfarro que se le ha dado a la vida. En los hechos se está masificando como una cultura de nuestra época, siempre dirigida por la acumulación y el mercado.

Prometemos una vida de derroche y despilfarro, y en el fondo constituye una cuenta regresiva contra la naturaleza, contra la humanidad como futuro. Civilización contra la sencillez, contra la sobriedad, contra todos los ciclos naturales.

“Civilización” contra el amor

Lo peor: civilización contra la libertad que supone tener tiempo para vivir las relaciones humanas, lo único trascendente, el amor, la amistad, aventura, solidaridad, familia. Civilización contra tiempo libre no paga, que no se compra, y que nos permite contemplar y escudriñar el escenario de la naturaleza.

Arrasamos la selva, las selvas verdaderas, e implantamos selvas anónimas de cemento. Enfrentamos al sedentarismo con caminadores, al insomnio con pastillas, la soledad con electrónicos, porque somos felices alejados del entorno humano.

Cabe hacerse esta pregunta, huimos de nuestra biología que defiende la vida por la vida misma, como causa superior, y lo suplantamos por el consumismo funcional a la acumulación.

La política, la eterna madre del acontecer humano quedó limitada a la economía y al mercado, de salto en salto la política no puede más que perpetuarse, y como tal delegó el poder y se entretiene, aturdida, luchando por el gobierno. Debocada marcha de historieta humana, comprando y vendiendo todo, e innovando para poder negociar de algún modo, lo que es innegociable. Hay marketing para todo, para los cementerios, los servicios fúnebres, las maternidades, para padres, para madres, pasando por las secretarias, los autos y las vacaciones.
Todo, todo es negocio.

Todavía las campañas de marketing caen deliberadamente sobre los niños, y su psicología para influir sobre los mayores y tener hacia el futuro un territorio asegurado. Sobran pruebas de estas tecnologías bastante abominables que a veces, conducen a las frustraciones y más.

El hombrecito promedio de nuestras grandes ciudades, deambula entre las financieras y el tedio rutinario de las oficinas, a veces atemperadas con aire acondicionado. Siempre sueña con las vacaciones y la libertad, siempre sueña con concluir las cuentas, hasta que un día, el corazón se para, y adiós. Habrá otro soldado cubriendo las fauces del mercado, asegurando la acumulación. La crisis se hace impotencia, la impotencia de la política, incapaz de entender que la humanidad no se escapa, ni se escapará del sentimiento de nación. Sentimiento que casi está incrustado en nuestro código genético.


Un mundo sin fronteras

Hoy, es tiempo de empezar a tallar para preparar un mundo sin fronteras. La economía globalizada no tiene más conducción que el interés privado, de muy pocos, y cada estado nacional mira su estabilidad continuista, y hoy la gran tarea para nuestros pueblos, en mi humilde manera de ver, es el todo.

Como si esto fuera poco, el capitalismo productivo, francamente productivo, está medio prisionero en la caja de los grandes bancos. En el fondo son la cúspide del poder mundial. Más claro, creemos que el mundo requiere a gritos reglas globales que respeten los logros de la ciencia, que abunda. Pero no es la ciencia que gobierna el mundo. Se precisan por ejemplo, una larga agenda de definiciones, cuántas horas de trabajo y toda la tierra, cómo convergen las monedas, cómo se financia la lucha global por el agua, y contra los desiertos.


Solidaridad con los oprimidos

Cómo se recicla y se presiona contra el calentamiento global. Cuáles son los límites de cada gran quehacer humano. Sería imperioso lograr consenso planetario para desatar solidaridad hacia los más oprimidos, castigar impositivamente el despilfarro y la especulación. Movilizar las grandes economías, no para crear descartables, con obsolescencia calculada, sino bienes útiles, sin fidelidad, para ayudar a levantar a los pobres del mundo. Bienes útiles contra la pobreza mundial. Mil veces más redituable que hacer guerras. Volcar un neo-keynesianismo útil de escala planetaria para abolir las vergüenzas más flagrantes que tiene este mundo.

La política y la ciencia


Tal vez nuestro mundo necesita menos organismos mundiales, esos que organizan los foros y las conferencias, que le sirven mucho a las cadenas hoteleras y a las compañías aéreas y en el mejor de los casos nadie recoge y lo transforma en decisiones.…

Necesitamos sí mascar mucho lo viejo y eterno de la vida humana junto a la ciencia, esa ciencia que se empeña por la humanidad no para hacerse rico; con ellos, con los hombres de ciencia de la mano, primeros consejeros de la humanidad, establecer acuerdos por el mundo entero. Ni los Estados nacionales grandes, ni las transnacionales y muchos menos el sistema financiero debería gobernar el mundo humano. Sí la alta política entrelazada con la sabiduría científica, allí está la fuente. Esa ciencia que no apetece el lucro pero que mira el porvenir y nos dice cosas que no atendemos. ¿Cuántos años hace que nos dijeron determinadas cosas que no nos dimos por enterados? Creo que hay que convocar la inteligencia al comando de la nave arriba de la tierra, cosas de este estilo y otras que no puedo desarrollar nos parecen imprescindibles, pero requerirían que lo determinante fuera la vida, no la acumulación.


No somos tan  ilusos

Obviamente, no somos tan ilusos, estas cosas no pasarán, ni otras parecidas. Nos quedan muchos sacrificios inútiles por delante, mucho remendar consecuencias y no enfrentar las causas. Hoy el mundo es incapaz de crear regulación planetaria a la globalización y esto es por el debilitamiento de la alta política, eso que se ocupa de todo. Por último vamos a asistir al refugio de acuerdos más o menos “reclamables”, que van a plantear un mentiroso libre comercio interno, pero que en el fondo van a terminar construyendo parapetos proteccionistas, supranacionales en algunas regiones del planeta. A su vez van a crecer ramas industriales importantes y servicios, todos dedicados a salvar y mejorar al medio ambiente. Así nos vamos a consolar por un tiempo, vamos a estar entretenidos y naturalmente va a continuar como para estar rica la acumulación para regodeo del sistema financiero.

Ir contra la especie

Continuarán las guerras y por tanto los fanatismos hasta que tal vez la misma naturaleza lo llame al orden y haga inviable nuestras civilizaciones. Tal vez nuestra visión es demasiado cruda, sin piedad y vemos al hombre como una criatura única, la única que hay arriba de la tierra capaz de ir contra su propia especie. Vuelvo a repetir, porque algunos llaman la crisis ecológica del planeta, es consecuencia del triunfo avasallante de la ambición humana. Ese es nuestro triunfo, también nuestra derrota, porque tenemos impotencia política de encuadrarnos en una nueva época. Y hemos contribuido a construir y no nos damos cuenta.

¿Por qué digo esto? Son datos nada más. Lo cierto es que la población se cuadriplicó y el PBI creció por lo menos veinte veces en el último siglo. Desde 1990 aproximadamente cada seis años se duplica el comercio mundial. Podíamos seguir anotando datos que establecen la marcha de la globalización. ¿Qué nos está pasando? Entramos en otra época aceleradamente pero con políticos, atavíos culturales, partidos, y jóvenes, todos viejos ante la pavorosa acumulación de cambios que ni siquiera podemos registrar. No podemos manejar la globalización, porque nuestro pensamiento no es global. No sabemos si es una limitante cultural o estamos llegando a los límites biológicos.


Los efectos de la codicia

Nuestra época es portentosamente revolucionaria como no ha conocido la historia de la humanidad. Pero no tiene conducción consciente, o menos, conducción simplemente instintiva. Mucho menos todavía, conducción política organizada porque ni siquiera hemos tenido filosofía precursora ante la velocidad de los cambios que se acumularon.

La codicia, tanto negativa y tanto motor de la historia, eso que empujó al progreso material técnico y científico, que ha hecho lo que es nuestra época y nuestro tiempo y un fenomenal adelanto en muchos frentes, paradojalmente, esa misma herramienta, la codicia que nos empujó a domesticar la ciencia y transformarla en tecnología nos precipita a un abismo brumoso. A una historia que no conocemos, a una época sin historia y nos estamos quedando sin ojos ni inteligencia colectiva para seguir colonizando y perpetuarnos transformándonos.

¿Qué es el todo?

Porque si una característica tiene este bichito humano, es que es un conquistador antropológico. Parece que las cosas toman autonomía y las cosas someten a los hombres. Por un lado u otro, sobran activos para vislumbrar estas cosas y en todo caso, vislumbrar el rumbo. Pero nos resulta imposible colectivizar decisiones globales por ese todo. Más claro, la codicia individual ha triunfado largamente sobre la codicia superior de la especie. Aclaremos, ¿qué es el todo?, esa palabra que utilizamos.

Para nosotros es la vida global del sistema tierra incluyendo la vida humana con todos los equilibrios frágiles que hacen posible que nos perpetuemos. Por otro lado, más sencillo, menos opinable y más evidente. En nuestro occidente, particularmente, porque de ahí venimos aunque venimos del Sur, las repúblicas que nacieron para afirmar que los hombres somos iguales, que nadie es más que nadie, que sus gobiernos deberían representar el bien común, la justicia y la equidad. Muchas veces, las repúblicas se deforman y caen en el olvido de la gente corriente, la que anda por las calles, el pueblo común.

No fueron las repúblicas creadas para vegetar encima de la grey, sino por el contrario, son un grito en la historia para hacer funcionales a la vida de los propios pueblos y, por lo tanto, las repúblicas se deben a las mayorías y a luchar por la promoción de las mayorías.

La cultura consumista

Por lo que fuera, por reminiscencias feudales que están allí en nuestra cultura; por clasismo dominador, tal vez por la cultura consumista que nos rodea a todos, las repúblicas frecuentemente en sus direcciones adoptan un diario vivir que excluye, que pone distancia con el hombre de la calle.

En los hechos, ese hombre de la calle debería ser la causa central de la lucha política en la vida de las repúblicas. Los gobiernos republicanos deberían de parecerse cada vez más a sus respectivos pueblos en la forma de vivir y en la forma de comprometerse con al vida.

El hecho es que cultivamos arcaísmos feudales, cortesanismos consentidos, hacemos diferenciaciones jerárquicas que en el fondo socavan lo mejor que tienen las repúblicas: que nadie es más que nadie. El juego de estos y otros factores nos retienen en la prehistoria. Y hoy es imposible renunciar a la guerra cuando la política fracasa. Así se estrangula la economía, derrochamos recursos.

Dos millones por minuto

Oigan bien, queridos amigos: en cada minuto del mundo se gastan dos millones de dólares en presupuestos militares en esta tierra. Dos millones de dólares por minutos en presupuesto militar!! En investigación médica, de todas las enfermedades que ha avanzado enormemente y es una bendición para la promesa de vivir unos años más, esa investigación apenas cubre la quinta parte de la investigación militar.

Este proceso del cual no podemos salir, es ciego. Asegura odio y fanatismo, desconfianza, fuente de nuevas guerras y esto también, derroche de fortunas. Yo se que es muy fácil, poéticamente, autocriticarnos, personalmente. Y creo que sería una inocencia en este mundo plantear que allí existen recursos para ahorrar y gastarlos en otras cosas útiles. Eso sería posible, otra vez, si fuéramos capaces de ejercitar acuerdos mundiales y prevenciones mundiales de políticas planetarias que nos garanticen la paz y que nos den a los más débiles, garantía que no tenemos. Ahí habría enormes recursos para recortar y atender las mayores vergüenzas arriba de la Tierra. Pero basta una pregunta: en esta humanidad, hoy, ¿adonde se iría sin la existencia de esas garantías planetarias? Entonces cada cual hace vela de armas de acuerdo a su magnitud y allí estamos porque no podemos razonar como especie, apenas como individuos.

Las instituciones mundiales, particularmente hoy vegetan a la sombra consentida de las disidencias de las grandes naciones que, obviamente, estas quieren retener su cuota de poder.

El papel de la ONU

Bloquean en los hechos a esta ONU que fue creada con una esperanza y como un sueño de paz para la humanidad. Pero peor aún la desarraigan de la democracia en el sentido planetario porque no somos iguales. No podemos ser iguales en este mundo donde hay más fuertes y más débiles. Por lo tanto es una democracia planetaria herida y está cercenando la historia de un posible acuerdo mundial de paz, militante, combativo y que verdaderamente exista. Y entonces, remendamos enfermedades allí donde hace eclosión y se presenta según le parezca a algunas de las grandes potencias. Lo demás miramos desde lejos. No existimos.

Amigos, yo creo que es muy difícil inventar una fuerza peor que el nacionalismo chauvinista de las granes potencias. La fuerza que es liberadora de los débiles. El nacionalismo tan padre de los procesos de descolonización, formidable hacia los débiles, se transforma en una herramienta opresora en las manos de los fuertes y vaya que en los últimos 200 años hemos tenido ejemplos por todas partes.

Nuestro pequeño ejemplo

La ONU, nuestra ONU languidece, se burocratiza por falta de poder y de autonomía, de reconocimiento y sobre todo de democracia hacia el mundo más débil que constituye la mayoría aplastante del planeta. Pongo un pequeño ejemplo, pequeñito. Nuestro pequeño país tiene en términos absolutos, la mayor cantidad de soldados en misiones de paz de los países de América Latina desparramos en el mundo. Y allí estamos, donde nos piden que estemos.

Pero somos pequeños, débiles. Donde se reparten los recursos y se toman las decisiones, no entramos ni para servir el café. En lo más profundo de nuestro corazón, existe un enorme anhelo de ayudar para que le hombre salga de la prehistoria. Yo defino que el hombre mientras viva con clima de guerra, está en la prehistoria, a pesar de los muchos artefactos que pueda construir.

Las soledades de la guerra

Hasta que el hombre no salga de esa prehistoria y archive la guerra como recurso cuando la política fracasa, esa es la larga marcha y el desafío que tenemos por delante. Y lo decimos con conocimiento de causa. Conocemos las soledades de la guerra. Sin embargo, estos sueños, estos desafíos que están en el horizonte implica luchar por una agenda de acuerdos mundiales que empiecen a gobernar nuestra historia y superar paso a paso, las amenazas a la vida. La especie como tal, debería tener un gobierno para la humanidad que supere el individualismo y bregue por recrear cabezas políticas que acudan al camino de la ciencia y no solo a los intereses inmediatos que nos están gobernando y ahogando.

Paralelamente hay que entender que los indigentes del mundo no son de África o de América Latina, son de la humanidad toda y esta debe como tal, globalizada, propender a empeñarse en su desarrollo, en que puedan vivir con decencia por sí mismos. Los recursos necesarios existen, están en ese depredador despilfarro de nuestra civilización.

La bombita de 100 años

Hace pocos días le hicieron ahí, en California, en una agencia de bomberos un homenaje a una bombita eléctrica que hace 100 años que está prendida; ¡100 años que está prendida, amigo! Cuántos millones de dólares nos sacaron del bolsillo haciendo deliberadamente porquerías para que la gente compre, y compre, y compre, y compre.

Pero esta globalización de mirar por todo el planeta y por toda la vida significa un cambio cultural brutal. Es lo que nos está requiriendo la historia. Toda la base material ha cambiado y ha tambaleado, y los hombres, con nuestra cultura, permanecemos como si no hubiera pasado nada y en lugar de gobernar la civilización, esta nos gobierna a nosotros. Hace más de 20 años que discutíamos la humilde tasa Tobi. Imposible aplicarla a nivel del planeta. Todos los bancos del poder financiero se levantan heridos en su propiedad privada y qué sé yo cuántas cosas más. Sin embargo, esto es lo paradojal. Sin embargo, con talento, con trabajo colectivo, con ciencia, el hombre paso a paso es capaz de transformar en verde a los desiertos.

El hombre es capaz…

El hombre puede llevar la agricultura al mar. El hombre puede crear vegetales que vivan con agua salada. La fuerza de la humanidad se concentra en lo esencial. Es inconmensurable. Allí están las más portentosas fuentes de energía. ¿Qué sabemos de la fotosíntesis?, casi nada. La energía en el mundo sobra si trabajamos para usarla con ella. Es posible arrancar de cuajo toda la indigencia del planeta. Es posible crear estabilidad y será posible a generaciones venideras, si logran empezar a razonar como especie y no solo como individuo, llevar la vida a la galaxia y seguir con ese sueño conquistador que llevamos en nuestra genética los seres humanos.

Pero para que todos esos sueños sean posibles, necesitamos gobernarnos a nosotros mismos o sucumbiremos porque no somos capaces de estar a la altura de la civilización que en los hechos fuimos desarrollando.

Este es nuestro dilema. No nos entretengamos solos remendando consecuencias. Pensemos en las causas de fondo, en la civilización del despilfarro, en la civilización del use-tire que lo que está tirando es tiempo de vida humana malgastado, derrochando cuestiones inútiles. Piensen que la vida humana es un milagro. Que estamos vivos por milagro y nada vale más que la vida. Y que nuestro deber biológico es por encima de todas las cosas respetar la vida e impulsarla, cuidarla, procrearla y entender que la especie es nuestro nosotros.

Gracias.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Pelea de comadres

Mi mamá, con esa sabiduría que dan los años y la observación de la naturaleza humana, dijo alguna vez: “Enójense las comadres y se descubren las verdades”.

En nuestro país, Colombia, salieron al tinglado de Twitter, recogidas por los medios de prensa, las discrepancias entre los señores, Andrés Pastrana, Ernesto Samper y José Obdulio Gaviria. Tres personajes protagonistas de la historia oscura reciente de la política colombiana. Ninguno de ellos dotado de estructura política, ninguno de ellos con ideas novedosas para transformar la sociedad; todos armados de episodios faranduleros, descalificadores profesionales y, fieles a su estirpe, jueces de sus contradictores.

Aquí, en las épocas del señor Alfonso López Michelsen, decían los medios de prensa, los mismos que aún creen orientar a la opinión pública, que cuando éste hablaba ponía a pensar al país. Era una forma de tratar de imbécil a todo un pueblo. No hay un pensamiento brillante en todo su caudal de memorias del señor López; no hay una transformación de país en su gestión de gobierno; tal vez nos quedamos con el iluso cuento de convertir a Colombia en el Japón de Suramérica.

Ahora los tales ex presidentes, sin excepción, posan de ideólogos: pretenden con palabras demagógicas resolver nuestros problemas, cuando no fueron capaces de hacerlo, en su momento, con todo el poder en sus manos. Eso se llama incapacidad.


Pobre Colombia con estos dirigentes políticos, viejos y nuevos, carentes de grandeza. 

miércoles, 18 de septiembre de 2013

La caridad como política

Alguna vez un señor de singular inteligencia, dijo que la caridad cristiana sirve para que esas personas, causantes de la pobreza general, tengan un consuelo moral y una satisfacción que les enrede la pena de su propia acusación.

Por estos tiempos de la información múltiple, vemos cómo se han incrementado personas naturales y jurídicas que suplantan al Estado en su obligación de implantar una equidad social y propiciar un bienestar en sectores llamados “negados por la fortuna”.

Claro, el Estado se desinteresa de su obligación social y la traslada a estos entes y personas a quienes les entrega una miseria de apoyo que en contexto individual es una fortuna.

Vemos entonces que prolifera la caridad a la par que la pobreza.

Los grandes magnates de este país, y empresas foráneas multinacionales, crean fundaciones que al tiempo que les da prestigio social, reciben del Estado generosas exenciones de impuestos. Una forma eficiente de cuidar activos importantes con los impuestos de los colombianos. Pero el Estado neoliberal entró en la onda de la caridad para paliar la pobreza y obtener grandes réditos electorales: el llamado programa de familias en acción no es otra cosa que la repartición de limosnas a un amplio sector de pobres que adquieren la obligación de votar por sus verdugos. Esas limosnas nunca los van a sacar de la pobreza pero sí aumentará el número de pobres y en consecuencia el número de votantes. La última elección presidencial llegó a nueve millones.

Implantar una política de erradicación de la pobreza y reconocimiento de derechos fundamentales, le sale muy costosa a nuestro Estado, con el agravante de que los actuales políticos desaparecerían del escenario donde los votos se cautivarían por ideas e imaginación, dos virtudes de las que carecen, en contraposición con promesas incumplidas, mentiras reiteradas y clientelas amarradas. Por eso nunca se aplicará una auténtica política social.


Seguiremos entonces practicando la caridad, como instrumento ético para resolver un problema político.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Matrimonio en pañales

Doña Estereopinta acababa de cumplir con el sacramento de la confirmación para poder casarse como la iglesia católica manda. 

Su marido de siempre, por las vías naturales, y futuro esposo por las artes eclesiásticas, deambulaba en Bogotá consiguiendo recursos con sus primos políticos para el casorio. Pero ya la fecha concertada para el acontecimiento estaba muy próxima, y Mauro Miguel, el novio, no enviaba el giro para la compra del vestido de la novia. 

En plena desesperación por la tardanza, Estereopinta, redactó un telegrama explícito a su marido que decía:


TENGO AL OBISPO ENCIMA Y YO DESNUDA PUNTO

jueves, 5 de septiembre de 2013

Política en grafitis

En una reciente alocución, antes del clímax del paro agrario, el presidente Santos de Colombia, dijo: la paciencia del gobierno tiene su límite.

Después corroboramos lo que ya sabíamos: cuando se llega a ese límite viene la represión violenta, con escuadrones policiales, militares y fuerzas secretas, contra una población inerme y desesperada, que protesta.

Esta situación fue explicita en un grafiti de una pared de Popayán:

Con esta democracia, pa´qué dictadura.

Eso quiere decir que cuando a un gobierno se le agotan los argumentos civilizados, acude a los actos de fuerza, enmarcados en el principio de autoridad. Principio conservador.

Este gobierno tiene bien clara su política de desarrollo: Incentivar a los potentados, nacionales y foráneos, para que ejecuten planes de desarrollo empresarial que no coinciden con el desarrollo social. En palabras coloquiales quiero decir que, según el gobierno, si los ricos se sientan cómodos a la mesa a comer, los sobrados que caen y recoge el pueblo son un poquito más grandes gracias a esta bondadosa política. El progreso, así planteado, va para las empresas multinacionales, sacrificando el bienestar del grueso de la población. Con un agravante más, los indicadores económicos inflan las cifras del país con la falacia de un crecimiento económico que, en la realidad, es de las empresas que nos saquean. Así pasó con el sector agropecuario cuya suerte está plasmada en otro grafiti:

         Ya no vivimos del agro, vivimos de milagro.

Los políticos tienen la fea costumbre de ignorar la Historia y otra peor: creerse inmunes desde el poder. Pues uno de los antecedentes más determinantes para llegar a la Revolución Francesa, fue el tratado de libre comercio, suscrito entre Francia e Inglaterra que llevó a la ruina a los campesinos franceses y los obligó a aliarse con la naciente burguesía.

En esos tiempos, antes de 1789, era impensable o imposible derrocar al absolutismo; el rey era intocable. Después de ese año, comenzaron a cortarles las cabezas, tanto al rey como a sus súbditos cortesanos. Y así hemos seguido, pasando por el destrone de los zares de Rusia, un poder pétreo asentado en un aparato militar tenebroso; hasta el derrocamiento, en tiempo presente, del presidente egipcio después de treinta años de poder absoluto.

Mientras confrontamos la Historia con el presente, conviene reírnos un poco atendiendo hechos protagonizados por políticos de la región bien pintados en este grafiti:


Maduro multiplicó los penes, Uribe multiplicó los paras y Santos multiplicó los paros.

viernes, 30 de agosto de 2013

Negocio eterno

En un momento de la eternidad, Dios salió al balcón donde San Pedro atisba la llegada de nuevos inquilinos al cielo.

Desde allí, Dios observó abajo, en una calle del barrio Chuny de Popayán, un carrito casi sin marca y preguntó a Pedro:

-¡Qué es eso?

San Pedro aclaró:

-Ese es el carro del cura de la parroquia.

Dios miró para otro lado y vio un automóvil elegante, con cuatro aros que identificaban una marca alemana de alta gama, en una de las calles de Bogotá. 
Y preguntó:

-¿Y ese automóvil de quién es?

-Es del arzobispo de Bogotá y cardenal primado de Colombia.

Giró un poco más a su derecha y observó, Dios, un impresionante vehículo con adornos de lujo que brillaban como el oro, totalmente transparente y blindado para que no entraran ni las palomas y con la impresión propia de un ser humano, preguntó:

-¿Y ese?

-Es del Papa, el arzobispo de Roma, el sucesor directo de Cristo.

Dios, en un arranque de fortaleza mundana exclamó:


-¡Cómo son las cosas de ese mundo! ¡Y pensar que empezamos ese pequeño negocio con un asno y doce mulas!  

jueves, 22 de agosto de 2013

¿Por qué nos matamos?

La Academia es necesaria, algunos académicos sobran.

Por accidente presencié un debate en la televisión universitaria cuyo eje temático partía de una pregunta: ¿Por qué nos matamos?

Se trataba de analizar la violencia en sus causas y en el sistema político que vivimos.

El médico Luis Fernando Duque Ramírez, exponía las conclusiones de un estudio hecho por la Universidad de Antioquia para esa región y la antropóloga Clara Inés Aramburo, trataba de interpretar las recomendaciones de esa investigación. En el estudio se identificaban dos causales importantes que influían en el comportamiento violento: La crianza (influida por la madre en la sociedad antioqueña) y la percepción de inequidad.

Intervienen otros factores, según la encuesta de la investigación, para germinar la violencia, como la cultura de la legalidad y la cultura de la ilegalidad; la primera, como formación de crianza y la segunda, como resultado de la percepción de inequidad.

También influye mucho la educación de los padres. Si los padres tienen buena educación, es muy posible que sus hijos no sean violentos.

A partir de aquí, y sin ser absolutos en las causas, por cuanto influyen otras en menor grado, los académicos elaboraron programas para poner en práctica políticas de prevención de la violencia en el contexto que vivimos; sin embargo esos programas nunca fueron importantes para los mandatarios, en especial los de Antioquia, donde se hizo el estudio.

Sabemos entonces (inferencia nuestra) que la política está divorciada del conocimiento de la Universidad. Si los intelectuales toman su tiempo para investigar y acercarse a la verdad, en nuestro medio ese fue tiempo perdido. Nuestro sistema político es mezquino y se comprueba una vez más que la violencia es su combustible.


Como en los momentos trascendentales de la Humanidad: Se hace necesario destruir lo hecho para construir un destino diferente y mejor.