domingo, 29 de noviembre de 2009

Estupidez política

¿Por qué, personas tan inteligentes se vuelven estúpidos políticos?
Esta pregunta asaltó mi raciocinio después de asistir a una reunión con eminentes profesionales, en uso de buen retiro, que departían en alegre conciliábulo so pretexto de un cumpleaños atrasado.
Es posible que la edad (pasaban de la quinta guasca) y su éxito (todos realizados, con buenas alforjas económicas) no les permitieran otear otras formas de sociedad más justa. Creen, como los buenos conservadores, que el nuestro es el mejor país del mundo, que nuestros gobernantes no tienen par.
Como tema de conversación, en una mesa etílica, es válido hablar de política, porque podemos estar de acuerdo con Arturo Graf  con aquello de que “si los hombres se limitaran a hablar solamente de lo que entienden, apenas sí hablarían.”  Sin embargo, pasar a la etapa superior, como lo es la discusión, conlleva argumentar, y ahí aflora la estupidez; en ese momento, discutir con personajes enredados en sus apreciaciones es tan inútil como echar agua en un costal.

La historia humana está plagada de pueblos inteligentes que fueron arrastrados por dirigentes inferiores hacia la desgracia social, o la guerra. La política es una ciencia que todo el mundo cree conocer; hasta se aventuran unas definiciones parciales que pretenden recoger toda una filosofía de gobierno y las llevan a categoría de dogmas.
 Antes de adentrarme en razones, para tratar de descubrir las causas de la estupidez política, voy a citar una anécdota que le sucedió a un compañero de los profesionales citados, profesional también, ya fallecido, pero que en su momento obraba como los referidos.
Gober, que así se llamaba, adquirió una extensión de tierra en el sector considerado más bello y prometedor de Cali; como buen arquitecto, diseñó y construyó una mansión que era la envidia de sus allegados. Allí, en esa planicie campestre cerca al rio Cauca, se daban cita los amigos y compañeros de trabajo para gozar de sus eventos sociales. Con el paso de los meses ocurrió un hecho social derivado de otro político, no previsto por Gober, que cambió esa idílica mansión en una casa de espanto. Hubo un masivo desplazamiento de ciudadanos pobres, víctimas de la violencia, que se asentaron en los alrededores de la quinta estrato social máximo, de Gober. Mal contados los desplazados sumaban unos dos mil que después dieron paso a la ciudadela de Aguablanca, que hoy llega al millón de habitantes. El resultado final fue: la mansión se desvalorizó, los amigos no volvieron por el temor de ser asaltados y hasta el mismo dueño terminó deplorando su suerte.  Me atrevo a sugerir unos juicios sobre este hecho: Gober, no sabía de política, así dijera lo contrario; no tenía claro en qué país vivía; la violencia y el desplazamiento, para él, eran cuentos chinos y tal vez se consideraba exento de sus consecuencias.

Dicho lo anterior, otra vez me vuelve a asediar el interrogante: ¿Por qué, personas inteligentes alcanzan ese grado de estupidez política?
Es posible que se deba a estas razones:

-Confunden la ética con la política.
-Tienen un concepto errado del desarrollo de un país.
-Desconocen la historia de su propio país.
-Razonan con argumentos prestados.

Vamos a desglosarlos:

Se confunde la ética con la política.

En términos simples la política se ocupa del comportamiento y desarrollo de las comunidades; la ética, del comportamiento y desarrollo del individuo. Al confundir estos términos aparecen juicios como: “Conozco un amigo cubano que siendo una eminencia en ingeniería vive en un lugar que da pena. Por eso no estoy de acuerdo con Cuba.”
La política que rige en Cuba es el socialismo, donde todos trabajan para beneficio de todos, regulados por el Estado; hay prioridad del servicio hacia los asociados. El cubano es consciente de esto y lo acepta; sabe que por encima de su realización personal está el bienestar de su comunidad. También es consciente del bloqueo que afecta a su país a causa de su política.

“La paz empieza por casa.” En nuestro caso colombiano algunos sectores quieren resolver un problema político (la guerra insurgente, la violencia delincuencial) aplicando una solución ética (hacer bueno al individuo). Los problemas políticos se resuelven aplicando soluciones políticas.

“En la Alemania Oriental, los soldados nos maltrataron como si fuéramos agentes de la CIA; por eso dejé atrás mi comunismo.”
Aquí se particulariza un aspecto negativo de uno o unos individuos en un contexto de guerra fría, para descalificar toda una tesis política. El comunismo como política, es una teoría que aún no se ha aplicado en las sociedades modernas; no ha habido una sociedad comunista: sociedad sin clases y sin Estado, salvo la breve Comuna de Paris en 1871.

“En los países socialistas hay vicio y muchos suicidios.” Se refieren a los países socialistas democráticos de Europa. Esos países no tienen problemas sociales graves porque su política los ha resuelto. Hay problemas individuales que se corrigen con educación; aquí debería funcionar la ética.

¿En qué consiste el desarrollo?

Para el capitalismo producir bienes de capital; instalar fábricas que produzcan objetos que se puedan vender. Acumular capitales.      El capital es el fundamento del bienestar individual, no colectivo. El capital de unos es la pobreza de los más. Aparece la competencia como método y la desigualdad como resultado. Aquí se cumple eso de que “el fin justifica los medios”, como la suprema razón de progreso.
Las ganancias desmesuradas y el bienestar de unos pocos, arrasa con los bienes que la naturaleza provee. Ahí están, a manera de ejemplo, el sacrificio masivo de tiburones que pescan empresas multinacionales japonesas y norteamericanas, les cortan las aletas, los regresan al mar para que se mueran, con el propósito de llevar el supuesto afrodisiaco como manjar a las mesas de los opulentos que los pagan a precio de jeque árabe. Este desarrollo es depredador.

Hay otro tipo de progreso que se asienta en el bienestar de las comunidades, el respeto por la naturaleza y el respeto supremo por el ser humano. Bajo este concepto todos los asociados de una comunidad viven dignamente: tienen vivienda, educación, salud, bienestar, alimentación, como principal objetivo del desarrollo.

En el primer caso se multiplica la pobreza, la desigualdad, la agitación social, la rebeldía, la delincuencia. En el segundo, se acerca al ideal de una sociedad justa y civilizada, como debe corresponder a las sociedades comunitarias.

En Cuba un magnate ecuatoriano, usuario ocasional de un restaurante de lujo, se dirigió a su guía turístico para decirle:
-En Ecuador una langosta como ésta es más barata que aquí. Con la plata que yo tengo podría comer varios platos en mi tierra.
El guía turístico, lo miró y le lanzó un interrogante político:
-¿Bueno, usted sí, pero en Ecuador cuántos ecuatorianos pueden comer langosta?


Se desconoce la historia del país.

Por ese desconocimiento se incurre en la confusión de causas con consecuencias. Los actores actuales de perturbación como la insurgencia, la delincuencia son las consecuencias de un problema cuyas causas se remontan a los principios de la constitución de nuestro país como república. Hubo una independencia de España, es cierto, pero el grueso de la población siguió esclava y dependiente de unas castas herederas del sistema político español fundamentado en un Estado excluyente. Los patriotas establecieron un sistema político donde no hay espacio de progreso para los indios, los negros y los pobres como sociedad. Donde los detentadores del poder político y económico sólo utilizan a los marginados como perros de presa contra sus propios congéneres para sostenerse, inculcándoles conceptos hueros como defensa de la patria, defensa de la sociedad y dándoles migajas de poder y bienestar para mantenerlos aliados.
Así, la solución de nuestros problemas sociales comienza por resolver la causa: cambiar el sistema político con la participación de todos los asociados con el máximo propósito de construir una sociedad mejor, incluyente y justa. De ninguna manera se corrigen nuestros males atacando las consecuencias: tratar de acabar con violencia a la insurgencia, la delincuencia, porque lo digan politólogos pagados por el poder enclaustrado; esto sería multiplicar los errores sin fin. Si no hay una solución de fondo, radical, continuaremos con el desangre, porque las sociedades son dinámicas. A cada acción social siempre hay una reacción.

Ahora que estamos en vísperas de la celebración del Bicentenario de la independencia de España, convendría plantear unos interrogantes que refuerzan lo dicho:
¿Por qué Simón Bolívar no permitió que los negros participaran como soldados en el proceso de independencia? Me atrevo a dar una posible respuesta: porque los negros no querían independencia, querían libertad.
¿Por qué se persiguió con saña al General José María Melo cuyo mandato hizo posible la unión de caudillos irreconciliables para despojarlo del poder? Otra respuesta aventurada: Melo quería una sociedad diferente de la española, incluyente y social; no individual ni caudillista como en su momento era el gobierno de José María Obando.


Razonan con argumentos prestados.

Para nadie es un secreto que hay escritores y periodistas prepago. Son los encargados de refregar unas tesis como verdades absolutas. Estas posiciones son las que recogen nuestros  políticos de licor para exhibirlas en una discusión intrascendente.
Veamos unos ejemplos:
“El hombre es por naturaleza violento.” Falso. Como todo animal el hombre sólo responde a los ataques contra su vida, tiene elevado instinto de conservación de la especie; pero no está en su naturaleza agredir a alguien por placer. Es muy diferente que al ser formado bajo el concepto de propiedad desarrolle la violencia. Pero al no existir propiedad, germen de todo tipo de violencia ésta desaparecerá.

“El hambre se soluciona con empleo.” En un país capitalista pudo ser cierto antes de la revolución industrial; hoy se trata de eliminar la mano de obra y cuando es imprescindible se reduce a categoría de esclavitud: exceso de labor por mísero pago. Para el capitalismo es necesaria la pobreza que suministra mano de obra barata. En un futuro próximo los trabajadores laborarán por sobras de comida. El hambre como la pobreza, se solucionan con el desarrollo integral de la comunidad.

“La seguridad se consigue con más fuerza pública.” Falso. Triste civilización es esta donde el ser humano necesita de la violencia, la coacción, el castigo, para observar un buen comportamiento social. En una sociedad verdaderamente civilizada esos elementos represivos no son necesarios. La seguridad se alcanza cuando hay respeto por la vida de los demás, incluidos los animales, incluida la naturaleza que nos sostiene. Algunos países europeos después de dos guerras mundiales tienen un elevado concepto por la vida, pero aún falta llegar a esa civilización sin fuerza pública.

Dejemos ahí estas reflexiones. Las conversaciones de coctel sirven para llegar a la meditación posterior; pero qué bueno fuera alcanzar el debate porque “en un debate, el que pierde gana, porque sale de un error”, según lo enseñó Estanislao Zuleta. Mientras llegamos a ese estadio del debate, algo muy civilizado, intentemos compartir la apreciación de René Descartes sobre las charlas de mesa: “No hay nada repartido de modo más equitativo que la razón; todo el mundo está convencido de tener suficiente.”

A los señores, que hicieron posible este texto, digamos bebedores políticos, vendría bien recomendarles finalmente que traten de observar los tres principios de la racionalidad de Kant:
Pensar por sí mismo.
Colocarse en la posición del otro.
Ser consecuente.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Obediencia debida

Alberto Mosquera tenía una finca por los lados de “Los dos brazos”, sector rural de Popayán, donde asistían amigos parranderos y amigas contratadas para que hicieran lo mismo que Eva en el paraíso pero a la vista de todos. La finca tenía un nombre muy sugestivo: “El Vaticano”.

Por esas circunstancias imprevistas, cualquier domingo se apareció el presbítero consistorial de la Arquidiócesis en “El Vaticano”, quien de inmediato ordenó a Alberto cambiarle el nombre a la finca, de lo contrario sería severamente castigado con la excomunión para lavar el insulto al Estado que representa a Dios en la tierra.

Alberto, sumiso, obedeció.

Con el paso de los días, volvió el presbítero consistorial y comprobó que el nombre de la finca había sido cambiado, ahora se llamaba

“Castel Gandolfo”.

Literatura marginal

Tengo la admiración normal por los jóvenes, en especial por los inquietos intelectuales.
En cuatro entregas, daré a conocer un texto de la joven estudiante de Licenciatura en Español y Literatura de la Universidad del Cauca, Alba María Sánchez. Este texto fue ponencia en el seminario Literaturas marginales realizado entre el 21 y 22 de octubre de 2009, en el auditorio del Banco de la República en Popayán y se titula Los restos del vellocino de oro, una novela marginal.
Primera parte.
Los restos del vellocino de oro (2008), del escritor afro descendiente, Alfredo Vanín Romero, (1950) específicamente de Saija en cercanías del municipio de Timbiquí se inserta en la marginalidad por el tema que propone. Hablar de marginalidad se torna ambiguo ya que el concepto es muy amplio, para el desarrollo me encaminaré por pensar lo marginal no solamente como el aislamiento y el no reconocimiento, en mi opinión lo marginal lleva consigo ese hecho de plantear temas vedados, con un enfoque crítico y no reconocidos por la cultura oficial, es ubicarse en el otro lado de la moneda; de esta manera temas como por ejemplo el de la violencia en nuestro país ya no va a tener una sola mirada. Es decir que ya no hay buenos y malos sino que se relativiza aquella verdad establecida como única por la voz oficial. La marginalidad es una alternativa para entender el destino del mundo dado y sus conflictivas fuerzas.
Los restos del vellocino de oro muestra la problemática de un lugar, en este caso “Isla Pájaro”, en donde se desarrolla una serie de conflictos, una pugna entre la vida y la muerte; la celebración y la precariedad. Los personajes se encuentran en una constante huida de los sicarios o “polizones”, que quizás representan al paramilitarismo que tiene invadido a este país. “Justo ahora, reaparecerán los uniformados con el hombre de civil a quien la membresía llama el alemán debido a sus cabellos monos y a sus ojos verdes, pero en realidad nacido en las tierras hacia donde se marcharía Telma” (A. Vanín, 2008:101). Por otro lado, está el goce, el disfrute de las verbenas, una de las tradiciones del pueblo, dentro de los límites que la pobreza permite.
Se evidencia una imagen del hombre que está en constante huida, Santiago al igual que sus amigos viven de refugio en refugio, sin saber en qué momento van a ser encontrados por los polizones, como ellos los llaman; es una permanente lucha por salvar sus vidas, “Haré con Santiago, si lo encuentro, una expedición que borre todo rastro de nosotros en este mundo de policías que nos persiguen hasta en el sanitario.” (A. Vanín, 2008:12).
La preocupación por ser encontrados no radica totalmente en el hecho de morir, puesto que de cierta manera en la novela hay un canto a la muerte; es más un temor al silencio, es la autoconciencia producto del ser de cada uno, de cada jasón; es un grito de protesta para no continuar en ese mismo cauce de indiferencia y marginalidad; un deseo de no continuar más siendo pasivos ante el sometimiento por parte de quienes manejan el poder, “(…)llenos de mayor incertidumbre tal como uno podía percibirlo en los rumbos que tomaba el país, la ciudad, donde los juegos políticos amenazaban en sus alianzas y manejos y eso, por su puesto, traía aparejo el surgimiento de fuerzas insospechables en defensa de los privilegiados” (A. Vanín, 2008:168).
En cuanto a ese cantarle a la muerte, no es porque esta produzca un efecto de goce o placer en los personajes, todo lo contrario, es un vacío, es nostalgia y desesperanza; que se refleja por medio de la celebración de las verbenas populares, en estas se convoca a un encuentro más, a la unión de aquellos amigos a quienes los ata una causa de lucha contra la injusticia política: “…los jasones habían aparecido con bombos y retruécanos, cada cual exhibía su lance o lamento, su nostalgia o su propósito nuevo. Vestían camisetas de verbena y dijeron tener la mía reservada para esa noche.” (A. Vanín, 2008:171)
La literatura es un campo que problematiza desde varios contextos: el social, el económico, el cultural, entre otros. La novela de Vanín pone sobre la mesa un problema de carácter social, muestra una ciudad degradada y un héroe problemático y conflictivo. Hay una preocupación por el estado del ser, del individuo inmerso en una sociedad agotada, abatida por la inconsciencia de si misma.

jueves, 26 de noviembre de 2009

¡Emergencia!

Una vez enviaron a la repetidora de comunicaciones de Munchique, en el Cauca, a un ingeniero electricista para hacer mantenimiento de rutina a las plantas eléctricas de emergencia. Por esos días, el gerente regional de Telecom atendía una importante reunión con el presidente y vicepresidentes nacionales de la empresa, hasta el punto que ordenó a su secretaria, imperativo:

-Mirta: Por favor, no me vaya a interrumpir. No me pase a nadie al teléfono, salvo que sea algo extremadamente urgente o de emergencia.
-Sí, doctor.

Ya en plena reunión, el gerente regional se vio interrumpido por su secretaria:
-Doctor, qué pena, pero tengo al ingeniero Castaño desde Munchique que dice que lo pase a usted, que es urgente.
El gerente no lo pensó dos veces. Munchique es una estación repetidora importante, por donde transitan todas las comunicaciones del sur de Colombia y El Ecuador.
-¡Páseme al ingeniero!
-Aquí está, doctor.
-A ver ingeniero, ¿qué ocurre?
-Doctor, para informarle que en Munchique llevan ya tres meses sin dotación de papel higiénico.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Frase poética

Los niños dicen las cosas como las ven. Preguntado a un niño de seis años, que había visto por primera vez en telescopio a Júpiter el mayor planeta del sistema solar, cómo era, respondió tal como lo hubiera hecho un poeta en trance:

“Júpiter es como una esfera blanca con un color rojo.”

El colmo!

En un noticiero de la televisión se le preguntó a un reciclador de papeles inservibles del Ministerio de Justicia, el 13 de noviembre de 2009, sobre qué tan importantes habían sido esos documentos; dijo que se puso a leer los expedientes de un tipo que había violado a unos violadores.

¡Impertinente!

Una vieja, que vende ropa usada a precio de nueva, impertinente como entidad financiera en bancarrota, que tiene voz chillona como mujer dejada por el último tren de hace treinta años, llamó por teléfono a mi casa:
-¿Está Amparito?
-No está.
-¿Quién es usted?
-Ah, yo no sé.
-Bip…bip…bip…

La misma vieja volvió a insistir:
-¿Está Amparito?
-No está.
-¿Con quién hablo?
-Con el amante.
-¿Y qué hace allí?
-Esperando el bus.
-Bip…bip…bip…

sábado, 21 de noviembre de 2009

¡Ah tiempos agresivos estos!

Dos viejitas chuchumecas y dos señores menos viejos que las ancianitas, hacían fila en una moderna farmacia de una EPS en Popayán, que no cito para evitar la propaganda gratis, con el propósito de reclamar los remedios recetados por el médico.
La modernidad de la “botica” (como dicen las abuelas) consistía en la estrechez del lugar; atendida por un empleado de facciones paeces, una limpieza que dejaba ver el polvo encima de la pantalla LCD de un ordenador, un PC (para no repetir) y una cámara de televisión remota que incidía sobre la caja registradora. De pronto llegó un inmenso camión que traía nuevos pedidos de droga (farmacéutica, aclaro); el paez, con amabilidad fingida, dijo que tenía que recibir las encomiendas en el camión, por lo tanto suspendía la entrega de medicamentos y cerraba con llave de seguridad el local; que lo esperaran unos minutos afuera. Las primeras que protestaron fueron las chuchumecas:
-Señor, lo podemos esperar aquí adentro porque allá hay mucho sol.
-Qué pena señoras, pero tengo una cámara de control y debo cerrar por seguridad.
Las damas aceptaron a regañadientes el desaire de salir, mientras los caballeros atinaron a comentar:
-En este capitalismo desarrollado, que se llama neoliberalismo, todos somos ladrones mientras se demuestre lo contrario.

¡Esa es la cuestión!

Este episodio fue citado por el jurista Horacio Gómez Aristizábal.
En cierta ocasión un colega increpó a Horacio:
-Usted defiende a los malechores por plata, yo, en cambio, lo hago por honor.
-Bueno, cada uno lo hace por lo que le hace falta.
-¡Le exijo que retire sus palabras!
-Retiro las palabras, pero mantengo el concepto.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Diferencia política

En discusión añeja, que tuvo lugar por los años sesenta del siglo veinte entre un político de la derecha y Alfonso López Michelsen (bueno, digamos que era de centro derecha en los tiempos del MRL), se cruzaron las siguientes afirmaciones:
-En Rusia las elecciones son como la carrera de un solo caballo   –dijo el de la derecha–.
-En Colombia son como la carrera de varios caballos del mismo dueño–dijo Alfonso–.