jueves, 29 de marzo de 2012

Fútbol para expertos


Víctor Hugo Lucero Montenegro era un periodista experto en noticias y ajeno a la reportería deportiva. Una vez, obligatoriamente, tuvo que reemplazar a un periodista deportivo que cubría camerinos en un encuentro de fútbol entre el equipo América de Cali y la Selección del Cauca.

Estando en el camerino de la selección, le dieron micrófono al aire para que entrevistara a un personaje y comenzó:

-Aquí vamos a conversar con el ginecólogo de la selección…

miércoles, 28 de marzo de 2012

La mentira como instrumento político


Desde tiempos inmemoriales, la mentira –esa contradicción entre lo real y lo dicho– es herramienta política para engañar a los pueblos.

A comienzos del siglo XX, Hitler, el dictador alemán promotor de la Segunda Guerra Mundial, la elevó a dogma político y de esa fuente han bebido todos los gobernantes europeos y americanos para hacerse al poder y ejercerlo, hasta hoy.

Hitler firmó muchos tratados de no agresión y todos los incumplió, entre ellos, el más famoso entre Alemania y la Unión Soviética, que rompió sin previo aviso, cuando lanzó sus hordas invasoras para borrar del mapa a las repúblicas socialistas.

Su ministro de propaganda, Joseph Goebbels, tenía un lema: “Una mentira repetida tres veces se convierte en verdad”.

(En Colombia el señor Laureano Gómez dijo algo parecido: “Calumniad, calumniad, que de la calumnia algo queda”.)

Recientemente el señor Bush, presidente de los Estados Unidos, encaramó su mentira sobre la existencia de armas atómicas en Irak para justificar la invasión y la muerte de más de un millón de irakíes. Finalizada la agresión, no se encontraron las armas pero el señor Bush sigue siendo un ex presidente con abundantes petrodólares.

En nuestro país hemos tenido mentirosos insignes a quienes se consagró como presidentes; y digo insignes, porque a pesar de cogerlos en sus mentiras, aseguran, en el colmo del cinismo, que son persecuciones políticas. Dejemos a un lado a estos mentirosos del ayer y veamos el presente.

En Bogotá, con ese rasgo de humor negro santafereño, sus habitantes le pusieron un apodo al señor Santos, antes de ser presidente: le decían Pinocho, y no se lo han quitado. Basta ver los acontecimientos para comprobar que no hay validez entre lo que se dice y lo que se hace.

El señor Santos y su ministro aseguraron hace unos meses que los parques de reserva natural estaban exentos de explotación minera. Dos semanas atrás vimos una multitudinaria protesta en Bucaramanga por las explotaciones mineras en el páramo de Santurbán.

El señor Santos y su ministro de minas aseguraron en los medios que la energía que iba a producir el Quimbo daba seguridad al abastecimiento nacional. Hoy sabemos, por las denuncias en el propio Congreso, que sólo el 7 por ciento de esa energía es para Colombia, el resto se venderá en los mercados internacionales.   

Y la última (de una cantidad que tenemos encostaladas): El gobierno garantiza la educación gratuita. Es un simple anuncio, como todos los anuncios de este gobierno que no se cumplen. Para que la educación sea gratuita se debe dar la plata para atender el funcionamiento de los colegios, no recortando partidas, ni excluyendo colegios, ni eliminando profesores, ni restaurantes escolares, ni porteros, ni aseadores…

Ya veremos el conejo que le va a poner a la reforma a la educación superior para cumplir el TLC con Estados Unidos.

En fin, los santafereños tienen razón: a Pinocho ya no le cabe la nariz.

jueves, 22 de marzo de 2012

Cumpleaños de Juancho


En cierta ocasión Juancho De Latorre pasó por un almacén de cadena para aprovisionarse del licor que animara su cumpleaños. Estaba en promoción y degustación el brandy Cinco Estrellas y la dama que lo atendía le propuso tomarse una copa. Juancho le propuso algo más atrevido:

-Si usted me da dos botellas, le improviso un epigrama alusivo al brandy.

Aceptó la dama y arrancó Juancho:

Para no causarle enojos
quiero brandy siete estrellas:
Cinco que están en las botellas
y dos que adornan sus ojos.

Esa vez, el brandy ganó un cuarteto para su publicidad y Juancho no gastó en su propio agasajo.

miércoles, 21 de marzo de 2012

A propósito de la reforma a la justicia


El ser humano durante siglos ha engañado y ha sido engañado. 

Ha inventado para contradecir a la naturaleza y ha descendido a la bajeza de la brutalidad para complacer a sus verdugos.

Hoy, en este nuevo milenio, la situación sigue igual pero la tendencia es de cambio absoluto mediante un salto de civilización.

El hombre ha inventado la política, la religión, la ciencia, el arte, la guerra, la justicia... El hombre no ha inventado la fauna, la flora, el clima, la naturaleza humana, la condición femenina, la salud, el ciclo vital... El hombre no ha inventado la vida.

Sin embargo el hombre legisla sobre la vida.

Si el hombre fuera sabio dejaría que fluyera la vida naturalmente, pero se inventó la guerra para matar, y la teoría para justificarla. El hombre inventó los derechos humanos y detrás de ellos, los defensores de esos derechos. Bastaría con dejar la vida en su desarrollo natural, conceder a la vida la suprema importancia que tiene, para evitar defensores de lo indefendible.

Este es el cambio que se avecina en el tercer milenio.

Un pequeño ejemplo nos puede indicar la incongruencia de las leyes inventadas frente a las leyes naturales, no inventadas.
Los médicos están entrenados para proteger la vida del ser humano, de las enfermedades o de los accidentes. La suprema razón de existir del médico es la conservación de la vida. Cuando un cirujano asiste a un paciente, utiliza todo su conocimiento y todas sus habilidades para protegerlo de la muerte y si, pese a ese esfuerzo, el paciente fallece por causas inherentes a la ley natural, muchas veces impredecibles, empieza la ley inventada como justicia, a juzgar a ese médico como si fuera algo parecido a un criminal. Y tenemos un juicio parcializado por cualquier arista que se lo mire. Quien acusa es un abogado, quien juzga es un juez, que también es abogado y quien condena es un magistrado, igual, abogado. El veredicto final cae en ese odioso lugar común: El juicio se hizo en Derecho. Aquí se está juzgando, con leyes inventadas, una consecuencia que es natural, impredecible, no inventada. ¡Cuántos médicos fueron condenados a la cárcel, porque a su bitácora de procedimiento le faltó un detalle, que no podía escribirse porque el médico estaba  en el quirófano luchando contra la muerte! Para el juez supremo (abogado) es determinante y concluyente el detalle olvidado por encima de la vida que se intentó salvar.

Hay muchas incongruencias de la ley inventada, que sería largo enumerar. Pero citemos una final: En Colombia, si un médico, por su juramento, por su formación humanista, atiende y le salva la vida a un delincuente o a un guerrillero, ese médico es señalado de cómplice y, en el peor de los casos, de criminal.

Sería conveniente –mientras llega el gran cambio–, que así como los militares claman por un fuero de protección para sus acciones de guerra, a los médicos se les otorgara un fuero de protección para sus acciones de defensa de la vida.

jueves, 15 de marzo de 2012

Con lágrimas


Isabel, cuando supo que su hermano Irving Alejandro se iba para Argentina a hacer un doctorado en arqueología, le preguntó:

-Y vos: ¿Cuándo te vas, para empezar a llorar?

miércoles, 14 de marzo de 2012

El necesario Metro de Bogotá


Lo sucedido en Bogotá con el sistema de transporte Transmilenio es un síntoma de algo muy grave y reiterativo: La empresa privada no es capaz de dar respuestas al desarrollo de un país. Necesariamente debe intervenir el Estado para hacer realidad las grandes obras.

Hace doce años se tomó una decisión equivocada para resolver el problema del transporte masivo de pasajeros en una ciudad de siete millones de habitantes: se prefirió el Transmilenio al Metro. Hoy, Bogotá tiene cerca de diez millones de habitantes y la solución adoptada ha demostrado ser insuficiente.

Como sucede en nuestro país, las grandes decisiones las adoptan las familias y no los estadistas. En el año dos mil, doce familias se asociaron, entre ellas la familia Peñalosa, para preferir el Transmilenio al Metro. Los medios de comunicación en ese entonces saludaron, con un despliegue inaudito, la solución como única en el mundo; como la alternativa más económica de transporte masivo que no endeudara a la Nación como lo hizo el Metro de Medellín. Pero la razón era otra: el Transmilenio sí lo podía financiar la empresa privada; el Metro, sólo lo podía hacer el Estado y por tanto las utilidades serían únicamente del Estado. Hoy tenemos un Transmilenio que ha enriquecido a esas familias, con apoyo del Estado, sin resolver eficientemente el problema del transporte público.

Para Bogotá, y esto lo saben los bogotanos, es urgente el Metro. Un Metro que, está probado en el mundo, es el sistema de transporte masivo más eficiente; un Metro donde no se cometan los errores de Medellín; donde el Estado cree una empresa fuerte, que se enfrente a los banqueros y contratistas mundiales; donde no haya injerencia de políticos pueblerinos en los trámites técnicos; donde los entes de control coadyuven, faciliten y no entorpezcan; donde sea determinante el desarrollo de una comunidad.

Para terminar este breve comentario, digamos que el Metro debe ser estatal porque tiene muchas ventajas que benefician a los ciudadanos  considerados débiles en la escala social: el valor del pasaje es muy económico; puede conceder a los estudiantes viajar a mitad de precio y a los mayores de sesenta años viajar gratis, tal como sucede en el Metro de Caracas.

Un Transmilenio privado nunca lo hace, nunca lo hará y el Metro de Medellín, sociedad de economía mixta, tampoco. 

jueves, 8 de marzo de 2012

Conversaciones añejas


En Pandiguando, en una vieja casa de antejardín, estaba doña Bárbara Pinzón;  86 años que ya se notan, gracia que no se pierde.

-Usted, ¿quién es?

-El hijo de Misiá María.

-¿Cuál María?

-La que vivió en el barrio Bolívar, en la casa de inquilinato de Don Luis Ñañez.

-¡Ah! Yo viví allí pero no me acuerdo de Misiá María. Fue hace tanto tiempo que ya el olvido me puede. Aquí han venido varias personas a saludarme y a recordarme, pero yo no sé quiénes son.

-¿Cómo se llamaba su marido?

-Manuel Pinzón. Él era mecánico pero se murió de tanto beber. Yo tenía que andar buscándolo cuando le pagaban para que no se tirara la plata de los chinos. ¿Se acuerda de ellos?

-De su marido, no; pero de sus hijos, sí.

-Ya están viejos. Ahora casi estoy sola, compartiendo la soledad con el segundo, Arvey. Los otros dos hicieron rancho aparte.

-Bueno, doña Bárbara. Me dio mucho gusto en saludarla. Voy para donde mi mamá que vive en el Obando y ya tiene 91 años.

-Bueno, saludos. ¿Cuándo vuelve por acá?


Con algo de ironía, se me ocurrió decir:

-Pues organice una fiesta y vengo.

Me miró con gracia, trató de enderezarse, cogiéndose la cintura y los hombros y me aseguró ya confianzuda:

-Esperá que yo enderece estos huesos, organizo la fiesta y te llamo.

miércoles, 7 de marzo de 2012

El extraño mundo de Colombia


Hace unos largos años salía en la prensa nacional una singular caricatura que se llamaba El extraño mundo de Subuso. Esa caricatura mostraba escenas raras e inverosímiles que no era posible que sucedieran en la vida normal; sin embargo desapareció, porque la realidad colombiana era más exótica que el mundo ese, y ya no tenía gracia que mostraran como extraño lo que era de común ocurrencia en nuestro país.

Los recientes acontecimientos, sucedidos en esta Colombia de encanto, me otorgan la razón y dejan pálido al extraño mundo de Subuso.

Veamos:

La Fiscal general de la nación acaba de renunciar irrevocablemente asegurando que un poder superior, aliado con la prensa nacional, la persiguió. Y nosotros que creíamos que la Fiscalía era un poder por encima del poder, soportado en la majestad de la justicia.

La Ministra de Educación acaba de expedir una directiva que está por encima de la Constitución Nacional, que ordena que se pague a los educadores sólo el tiempo laborado. Según la ministra, el educador no tiene derecho a descanso, ni a permisos, ni a enfermarse, ni a utilizar el tiempo de desplazamiento al colegio. Aquí tenemos una super-ministra que está por encima de la Ley de leyes y creemos que por encima de las leyes fisiológicas.

El presidente de Colombia se ha convertido en el primer ciudadano que denuncia lo que sucede mal en nuestra Colombia y su gobierno en el gobierno de las denuncias, no más. Lo grave del asunto es que, por esta actitud presidencial, ya no hay gobierno a quién cuestionar por las cosas malas que afectan a los ciudadanos.  

Pero nuestra parroquia no se queda atrás: tenemos un gobernador que afirmó, en una base militar parecida a las épocas de Vietnam, que detrás de los incontables soldados que vienen a hacer la guerra en el Cauca, viene también la inversión social. Es muy extraño que en medio de la guerra se pueda hacer inversión social, ni Subuso podría explicarlo.

Y de la parroquia pasamos a la capilla.

En Popayán se volvió costumbre nombrar como secretarios de tránsito a funcionarios que no tienen carro o, si lo tienen, no manejan, o maneja la mujer. Es la única explicación posible para tanto trancón que hay en la ciudad sin solución a la vista.

Definitivamente es superior, en rareza, el extraño mundo de Colombia al extraño mundo de Subuso.

jueves, 1 de marzo de 2012

Finca en venta


Un payanés, acosado por las deudas, decidió vender su finca de La Venta de Cajibío. Por situación de orden público la finca estaba devaluada y no se conseguían vendedores. Finalmente tras mucha insistencia publicitaria aparecieron potenciales compradores de Cali.

El payanés los acompañó a hacer el recorrido, pero siempre temía que le hicieran la pregunta clave. Les mostró la casa, los abrevaderos, las caballerizas, el entorno de bosque, las pequeñas lagunas y los sembrados de guadua. Los posibles compradores hicieron las preguntas de rigor sobre la situación legal de la propiedad, las facilidades de desplazamiento y el precio, hasta que llegó la pregunta crucial:

-Señor, ¿y por aquí hay guerrilla?

-No. No hay, Pero si quiere, se la conseguimos.